miércoles, 15 de julio de 2009

El niño ocioso

Había una vez un niño muy ocioso, tan ocioso que sus padres no lo desearon más. No lavaba, no trabajaba, no estudiaba. Por eso, abandonaron al niño ocioso a merced de las calles.
Una familia se apiadó de él y le recibió en su hogar. Le dio de comer, de vestir y una habitación para dormir. Pero al cabo de unos días, también se cansaron. Y una vez más, abandonaron al niño ocioso a merced de las calles.
Y el niño ocioso se fue a la plaza del pueblo y pidió a sus amigos que le llevasen en una sábana hasta el puente y de ahí lo lanzasen para morir, porque ya no quería vivir más.
Y así fue, que llevaron al niño ocioso en una sábana hasta el puente para de ahí lanzarlo a que muera, más todo el pueblo se reunió.
Un anciano pregunto y al recibir respuesta sobre el alboroto, ofreció al niño ocioso arroz para su alimento. Pero el niño ocioso no quiso comerlo porque estaba sin cocinar. Así que pidió entonces a sus amigos que lo llevasen al puente para de ahí lanzarse a morir.
Y sus amigos le llevaron en sábana. Y el niño ocioso se lanzó. Por eso, el niño ocioso, murió por ocioso.
Leyenda riobambeña, o no sé... pero algo así la escuché y yo la arreglé.

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