domingo, 20 de junio de 2010

Ensayo a Saramago

No he sido amante a la literatura clásica sólo por el hecho que sea escritor -a mucha honra porque escribo- y soy interpelado en varias ocasiones a la lectura recomendable. No leo a los grandes sino a mis maestros y Saramago vaya que lo ha sido, en un basto despliegue de creatividad y mordacidad. Lo último que es lo mío. He tenido la ventaja, si así fuera, de dejarme enamorar por cada nuevo escritor y como en toda relación, si no me siento interesado es mejor decirle un agradecido adiós. Usted lector o lectora no me reprenda por no querer a su Cortázar, García o Cervantes. Su pulso no fue fuerte para calar en mis hábitos y de a poco, ellos quedaron como propósitos de fin de año en algún estante o repisa de mi oficina.

Saramago ha tenido la valentía del gruñón. Un "mando a la mierda todo" mezclado con "te escribo esto porque realmente quiero entretenerte". Fue el primer escritor que logró hablarme y descubrirme lector. Como si mi escondite al frente de las páginas hubiera sido descubierto por un: te encontré. Con Ensayo sobre la lucidez me vi en un mundo nuevo de la historia de la literatura, con un empleo del lenguaje hablado en forma de tinta. Como él mismo dijera como remedio al desorientado: "Les digo que lean mis libros en voz alta y entonces agarrarán el ritmo, porque esto es oralidad escrita. Es la versión escrita del modo en que la gente se cuenta cuentos entre sí".

José Saramago ha fallecido el 18 de junio de 2010, a los 87 años y a penas he leído dos libros suyos. Tengo mucha dicha por delante con su obra.

1 comentario:

Mab dijo...

Te perdono que no gustes del Gabo, porque te enamoraste de Saramago y que viva la dicha que nos espera con todos sus libros que nos quedan pendientes. Saludos. Mab