martes, 6 de mayo de 2025

Mis emociones no importan.

Mis emociones no importan.

Nadie me ve.
Nadie me escucha.
Nadie me espera.
Nadie está junto a mí,
aquí a mi lado.


Solo en esta piedra,
sentado frente a este árbol.
Me escucha y sabe mi soledad.
Conoce mi soledad y espera.
¿Espera?


No espera nada
y yo espero señales.
El frío de la altura
a más de mil metros.
A más de dos mil metros.

Aquí fui la esperanza de muchos
y la tristeza profunda de mi corazón.
Mi alma era el adorno
que se ponen en estampas
y oraciones de súplica.


Adorné santos,
vestí de blanco,
vestí la pureza y la santidad.
Fui envidia y deseo.
Fui eterno.


Vi muchas madrugadas
de campanas gritonas.
Abrí ojos en camas ajenas.
Vestí de negro y blanco.
Calcé sandalias.


Atrás de esta casa está un sembrío de coles, zanahorias, papas y hortalizas. Hay una vaca a lo lejos. Un par de cerdos que tienen nombre y apellido: feliz navidad y feliz año. Todos los días saben a lo mismo: levantada, oración, misa, desayuno, tender la cama y salir a clases, café de media mañana, más clases, almuerzo, limpieza general, deporte, más estudio, cena, rosario y oración final. Sería ideal que aquí termine el día pero la noche no es cómplice y vienen las ideas. Duele pensar.


Solo el domingo es diferente porque todos callan. Mis sentidos no puede encontrar vida y busco la que no escucha, habla, respira en tu cara o mira. Escapo de mi dormitorio y busco el sembrío detrás de la casa. Ahí me espera una hilera de árboles que fungen de frontera entre las propiedades campestres, en esta montaña camino al volcán. Allá arriba, a lo lejos está el cráter. Eso dicen (yo no he ido nunca) pero si se sube imagino que se llegará. Hace frío, pero aquí no importa. De todos estos árboles bien portados uno se escapa de la fila y me espera con una piedra a su lado como invitación para la paciencia. 


Solo tengo un par de horas hasta que todos recuerden que hay que hacer ruido. Acudo raudo a la piedra y le cuento al arbol con el lenguaje de la existencia. Solo existo a su lado. Nos existimos en compañía. Puedo llorar con la ausencia y el vacío del alma. La vida no fue buena; esperamos el árbol y yo que termnine este secuestro. Éramos nada y de la nada nos han arrastrado a esto. A esta esencia. A estos cascarones, piel y corteza. Y en nuestro disgusto encontramos refugio de complicidad. Por eso puedo grabar un cariño en su piel. El árbol también hizo lo suyo en mi piel. 


Su sonrisa es firmeza.
Este árbol es coqueta.
Tiene género ambiguo
porque la pienso
y lo admiro.


Me dice o me regala
la eternidad de ver el tiempo,
los días, las horas.
Las arrugas y los llantos
del que muere y nace.


Este árbol está vivo
en mis recuerdos.
Ya no podré visitarlo más.
No puedo regresar a esa casa.
No soy más del grupo que reza.


El árbol seguirá coqueta.

Seguirá fuerte y seguro.
La piedra estará lista
para darme asiento.
La siembra será eterna.


Adiós querido árbol.

Procuraré visitarte
un poquito más.
Traerte existencia.
Brindarte compañía.


Me espera el suplicio
de la vida y la gente.
Regreso al presente
de mis sentidos.
Abro los ojos al ahora.


Todo duele al existir


Mundial de Escritura 2025, consigna del día 1.

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