Hoy te soñé y por partida doble, papi.
En mis venas está constantemente tu hablar y palpitar. No puedo darme el lujo de rendirme ante un obstáculo. Y no es que lo tome como insulto a tu memoria sino que rendirse en la vida no cabe ya como camino a seguir. La muerte no era algo por resolver. Tu muerte fue el cierre de telón a una vida de luchas.
En mi sueño recuerdo llamarte para arreglar algo del vehículo que manejaba camino a Manabí. Alguna ciudad significativa que no necesita nombre. Lo importante era la travesía y tú estabas al otro lado del teléfono para resolverme la duda. Eso recuerdo con aprecio. Soy yo soñándote como yo llamando, como tú hablando y curiosamente como tú también a mi lado de copiloto.
Yo era tú diciéndome cómo resolver al otro lado del auricular. Yo era tú a mi lado como copiloto diciéndome que iríamos al destino final cuando yo pensé que el auto necesitaría reposo. Y yo finalmente era yo diciéndome a mí mismo que todo este tiempo fui yo con tu recuerdo ya en mi misma piel.
Cuando me veo al espejo te tengo más presente que fui tu hijo. Y algún día alguien me recordará en su piel de esta misma manera. Hoy te recuerdo con gratitud.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario