martes, 4 de diciembre de 2007

Séptimo Pergamino - El Cuerno (Capítulo dos)

Bianca se levantó de su lecho e inmediatamente, tomó el Cuerno, ensilló bien su Pegaso y se dispuso en raudo vuelo hacia la torre de la isla flotante de Leuke, o de la Serpiente, desde Scythia, lugar donde su tribu estaba ahora asentada. Tenía que llevar un mensaje que fue transcrito en su mente de tal forma que su vida era la caja fuerte del mismo. Allá la esperaría Varna. Estaría de paseo por el Egeo, en los Templos de la Hidra y era muy raro de ya conocer que estaría en esta localidad. Bianca era una guerrera del Orinoco bien entrenada y no fue tonto que su casta la haya elegido su líder generacional. Esta tarea de gran peligro no la amedrentaba en lo absoluto. El mensaje fue puesto en una habitación sellada de su mente, para que no fuera distracción en el camino.

Es muy común en las tierras cálidas estas islas flotantes pero la Isla de Leuke estaba en el mar muerto. Su geografía es hermosa a la vista y su belleza se asemeja a la de tantas sirenas de los mares de la Atlántida. Al poco tiempo de estar en una de estas islas, el incauto podría estar rodeado de arpías y plantas carnívoras. Y ahora, me siento como uno de ellos, víctima que hubiera caído en una trampa. No entiendo por qué mis poderes no pueden ver más allá de estos hechos. El transfondo de este mensaje me inquieta tanto como el sujeto que haya pedido a la misma Reina tal misión. Y, ¿por qué Varna daría a conocer su ubicación?

El legendario Cuerno del Toro se dice que encierra gran poder y más si se considera la leyenda. En el séptimo pergamino, la historia cuenta que Zeus tomó esta forma imponente para dominar la Europa en los tiempos de las guerras sagradas. Luego de que el Panteón de las otras divinidades hubieran cedido, una de las astas del bucéfalo quedaría de recuerdo para la diosa de la belleza. Afrodita descubrió en este cuerno, no solo la terquedad de la bestia. Encontró el poder inmenso del supremo de los dioses. Por esta razón, pidió en las Tierras del Indo su adoración.

Cuando las ninfas del Orinoco bendijeron a las hijas de la Selva, las diosas prometieron la fuerza del Señor del trueno, a la Reina que convocase a batalla con el Cuerno del Toro. Es así que ahora, veo a Bianca tomar el tesoro más sagrado, lo más preciado de las Amazonas y sin llamar a la guerra. ¿Qué es esto que estoy viendo?

Hay más cosas que observar. No es el momento para dejarme llevar por un sentimiento fútil. Veo la repisa de mi habitación y la balanza se ha inclinado un poco a la derecha. Una brisa de la ventana ha tumbado un florero y gotas de agua cayeron en el plato de la libra. Pero tocan a la puerta y un cliente me ha llamado. Es tiempo de trabajar.

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