jueves, 3 de enero de 2008

Regresé al mar

Y me puse a conversar con ella.

Fui volando, fui altivo.
Fui grosero.

Y el mar ni se inmutó.
Y eso era lo que más me molestaba.
Su actitud pasiva a todo.

Al fuego que la quema.
A la tierra que la traga.
Incluso, al viento que la golpea.

Y ahí estaba su alegría.
La traté entender mas sólo me recibió.
No fui el polvo, no fui la arena.

Por ahora, jugué con ella.

Con gratitud inmensa a mis amigos y amigas de Colombia.

2 comentarios:

il bambino dijo...

Y por eso es rico o rica, por su habilidad para escuchar, por su ambigüedad, no sabemos si es objetivo o emotiva, si está gritando o llorando con nosotros, casi nunca se revela y cuando lo hace no puedes contestarle: te simplifica, te anula.

Y en su magnífica majestuosidad nos deja holgazanear acariciándonos en el más sencillo amor animal con su larga lengua de espuma.

No sé si le tengo miedo, respeto o afecto, no sé si describo a Dios o a su elemento, pero que hermoso es saber que has vuelto al mar y que te recibió a pesar de que podía haberse conformado con Alfonsina y Pablo, mostrándose rey y reina en su monarquía.

Juega, juega como infante y que te cuente como elevar tu magia como alzando una ola.

Mab dijo...

Que bueno amigo tenerte cerca aunque sea a traves de tus letras y que bueno el romance con el mar no?
Yo llevo años amandolo y hasta ahora jamas me ha tracionado o satisfecho, que a veces me luce que el amor no es rebeldia u obediencia, es.. Como el mar! Violento, impredecible, hermoso!
Sigue con ese idilio que es siempre perfecto.