martes, 14 de octubre de 2008

Veranillo Cálido (canción)


Voy ascendiendo hacia el cielo
bordeando la lluvia azul.
Cada gota la esquivo.

El cielo viene a mí.
Mis pies pegados al piso
Estallo de amor por ti.

Aunque un tanto aterido,
la risa más alta que la nariz,
el alma siente alivio.

Solo estoy parado y
luego del beso cálido,
¿qué más puedo pedir?

martes, 7 de octubre de 2008

Trenecito del Mar

Para antes de irse a dormir a la cama. Con mucho cariño, para sus hijas e hijos.

El trenecito del mar sonó su pito: chuu chuu. La voz dice todos a bordo. Subió el elefante, la jirafa, el conejo, la tortuga. También subió una rana pequeñita, junto a su amiga la cigüeña. El trenecito sonó su pito: chuu chuu.

El trenecito cruza las olas encima del arcoiris. Las nubes de algodón se cruzan por la vía. El maquinista detiene al trenecito y tiene que limpiar la vía de las nubes. El señor Sol se pone a reír mientras los delfines miran curiosos desde el mar. Las nubes son limpiadas y el maquinista puede avanzar. El trenecito cruza las olas encima del arcoiris.

Una fiesta hay en el trenecito. Adentro hay un teatro y la vaca puede pueden danzar, el perico puede cantar. Muchos dulces para la oveja y globos por doquier para el cerdo. Una fiesta hay en el trenecito.

El trenecito brilla con sus mejores luces. La noche ha llegado. El oso abrió la ventana y sintió el viento en su frente. La señora Luna salió a cuidar a las estrellas del cielo. El trenecito brilla con sus mejores luces.

El trenecito del mar sonó su pito: chuu chuu. Ya ha llegado a la estación. Todos bajan felices y contentos. Incluso el trenecito suena el pito de emoción. El trenecito del mar sono su pito: chuu chuu.

lunes, 6 de octubre de 2008

Buenos pensamientos, buenas palabras, buenas obras.

A mi querido amigo, aquél el de gran corazón.

Fue de oro, de metal precioso. ¿Quién te construyó? ¿Qué material abandonaste en el camino aferrándote a la tela más valiosa que te viste ahora? No te conocía. No reconocía esa cara antagónica más cercana que ajena.

Antaño había visto la amistad dibujada en la sonrisa, en el abrazo y la palabra a tiempo. En ti cobró forma distinda llamada esperanza.

Bienvenida la aurora de este amanecer. Ha brillado con fuertes bríos en cada rayo de tu mirada. Ora curiosa. Ora atribulada. Nunca parca, siempre cuestionada.

Inclino con reverencia cada parte de mí. Por la palabra a destiempo. Por el error de la naturaleza. Porque sé que hoy pido disculpas por la falta que vendrá. Porque venerante me levantas para comenzar nuevo.

¡Oh amigo! Bendigo tu amistad y tus días por venir. Acojo como regalo el hoy porque ni tú ni yo conocemos los misterios de la eternidad.

domingo, 7 de septiembre de 2008

Sombrero Mágico

Del libro en producción "Ibara, escuela de magia"

Cuando fui a la escuela, claramente me advirtieron:

El universo hasta la voluntad,
la mano sólo saca
lo que pueda pagar.

De tal forma, conejos y flores. Siempre con mente firme y segura. Luego vinieron las cartas, la mano, la bola de cristal. Vivir en este mundo maravilloso de asombrar al infante dormido. Dejar volar al alma.

Me descuidé de estudiar monstruos. Nunca me llamó la atención ni pensé que los mortales podrían apasionarse por las criaturas del vacío.

El día de las varas fue fantástico. Por primera vez, el toque final al uniforme. La extensión del corazón, del alma. El tótem de la voluntad enlazada al corazón y la mente. El juego a la capa y el sombrero.

Verme en este teatro, delante de estas 784 almas, trae mis recuerdos más preciados. No me distraen las 29 personas que desgastan el sueño con la curiosidad vana. Por el contrario, las 573 explotan en mí el niño, el absurdo, la risa y el asombro. Por si acaso, saco una flor más de la nada para soltar la paloma que arranca de los restantes 181 el aplauso final sin poder levantar al señor de la primera fila.

Una venia termina este instante rejuvenecedor con aplausos de un público que suele llamarme: El Mago. Feliz, sé que cinco años más me serán regalados para esta vida.

jueves, 31 de julio de 2008

Sexto pergamino - La Flama (Capítulo seis)

Todavía tenía los pies enlodados pero no podía perder más tiempo. La última petición de la ninfa retumbaba todavía mis oídos y Piro era todo lo que tenía en mente. Buscarlo. Encontrarlo a como sea lugar.

Llegué al templo del Carnero en esta ciudad. Caí en cuenta que mis ropajes eran de enfermo y en ese mismo instante olvidé toda promesa que alguna vez hubiera hecho en mi vida. Era un nuevo comienzo. Por eso no dudé en tocar la mente de algún incauto y quitarle su traje para pasar más desapercibido.

El templo está rodeado de jardines con flores rojizas y amarillentas. Veo algunos monjes preocupados. Tal vez ya estarían enterados del evento en la casa de la Hidra. Pregunté a uno de ellos por el sacerdote Piro pero su mirada era de rechazo y no me animé a preguntar a un segundo. Pensé que mejor sería dirigirme directamente hacia sus aposentos. Ya es más de medio milenio desde que un nómada fuego me enseñase un hechizo de sombra y luz. Ahora, más que nunca, debí ocultarme en medio de la noche para hablar con el mismo Señor del Elemento Fuego.

Sin rodeos, les contaré mis sorpresa. Piro en una esquina, asustado. Y he aquí que el sexto pergamino se abrió. Tal vez el más impresionante de todos.

Ese día, tres hombres y una mujer salieron de su cueva y vieron el cielo abrirse, explotar de luz en medio de la noche. Era el fin del mundo. Del cielo cayó una lluvia de colores. Ese día los dioses nos visitaron por primera vez. Ese día el ser humano descubrió el fuego que altera la realidad, el agua que sana, el viento que todo lo sabe y la tierra que crea la vida. Ese día los cuatro sabios nacieron sin que ellos mismo lo supieran. Ese día el legado pasaría la llama sagrada que el Señor del Fuego de generación en generación ha encendido en cada templo conocido de la Flecha, del León y del Carnero. Ese día el agua sagrada fue escondida en los lugares más recónditos de la Gaia resguardando el secreto de la eterna juventud. Ese día el viento me dio la sabiduría para pasar los milenios en forma de días. Ese día la tierra retumbó para que otra nueva nazca en geografías que hasta ahora no dejan de asombrarme.

He aquí Piro que yo estoy para recordarte que eres el espíritu mismo de la Flama que arde en ti, en tu interior y yo te digo, arma para mí un ejército de valientes porque el mismo universo que conocemos tú y yo está al borde de la extinción.

Mira Piro la verdad. Deja que el mismo Señor del Viento te eleve en alto. Ve.

En medio de la noche, desde el otro extremo de Londo se pudo ver como una flama brilló más fuerte que antes, en su templo principal. Es el viento que ha dado alimento para que arda la llama del coraje y la valentía.

martes, 24 de junio de 2008

Noveno Pergamino - La Hidra (Capítulo cinco)

Han pasado algunos meses y no me repongo al dolor de estar en una casa de asistencia del Cáncer. Aturdido, golpeado. Fui víctima del asalto que nuestro volador sufriera poco antes de llegar a Londo. Una ninfa me ha contado que algunos no salieron con suerte y que fui uno de los pocos rescatados. Ella va y viene sin pausa asistiendo a cuanto enfermo veo aquí. No es común ya ver en la Gaia a una hija de la naturaleza. Algunas se quedaron refugiadas en la Selene después del holocausto.

Recién me levanté. En Londo también utilizan las tres esferas del sol para medir el tiempo y me ayudaron a levantarme. El diseño es diferente porque son más pequeñas y cada una de ellas cabrían perfectamente en mi mano; su brillo es más suave (las mías tienen un color rojizo de sol); y éstas han emanado un agradable olor para inducir que me despierte.

Ahora estoy muy adolorido pero sé que pronto me recuperaré. Por supuesto, ayuda mucho el trabajo que cada una de las hijas de la luna realizan en este sanatorio. El brebaje de la Sirva Selene es la bebida más preciada de ellas y tiene el mejor efecto regenerador. Sin embargo, esto no me resulta aún para recuperar del todo mi memoria. Una de ellas viene y me cuenta un poco algo de su trabajo. Su piel obscura llama mucho la atención y difiere del que tantas historias se hicieran siglos atrás. Le pregunté al respecto con mucho tacto y con una gran sonrisa me calma para minuto seguido explicarme la historia. Lastimosamente ella no podía visualizar que el Noveno Pergamino se abriera delante nuestro y en misteriosa sincronía, contar la misma crónica.

En la era antigua, después que el Panteón Griego ganase la guerra y justo antes de abandonar este plano, los dioses y las diosas crearon el cinturón de las estrellas para depositar en sus casas bendiciones para sus hijos cuando pasara la carroza de Helios en cada una de ellas. Y a su vez, potenciar según la naturaleza a las hijas e hijos del fuego, del agua, del aire o de la tierra. Selene, la diosa que protegía la gran piedra noctura de la Gaia, tomó particular atención por la casa de la Hidra. Ella tomó un fragmento de esta bestia para engendrar una versión propia de las Ninfas. Hermosas y cazadoras, fueron ellas quienes adiestraron a las Amazonas en la medicina. Cuando la diosa se retiró de nuestro plano, sus hijas resguardaron la Semilla de la Hidra como su mayor tesoro en el templo sagrado de Sicil, ahora en la Selene después de ser perseguidas y cazadas. Desde entonces, su piel es reflejo de la noche y sólo cuando la Selene brilla nocturna, es que demuestran su hermosura.

Abruptamente el pergamino se cierra y las piedras del techo y las paredes colapsan en el pasillo que alcanzo a ver desde mi esquina en la sala de sanación. Todos cesan sus actividades al momento, cual si fuera un hechizo de congelación realizado por la incertidumbre, con un segundo eterno del silencio quebrado al instante por un grito acompañado luego de varios más. Todos me sacuden el alma. Un dolor invade mi pecho, mi alma y sé que en este mismo instante muchas ninfas están siendo asesinadas. Tengo enfrente mío a la misma Drida, ninfa guardiana del árbol, que me toma del brazo y me introduce por lo que parece un pasadizo. "No hay tiempo" me dice y me lanza dentro de una burbuja por el canal de desfogue. "La Gran Ninfa, Choque, dice que busques al Gran Mago del Fuego, Piro" y rato seguido cierra el agujero con raíces.

Voy llorando porque esta historia no tiene fin. No sé en qué rato se me fue de las manos. Qué hice. No es mi culpa pero siento una carga en mi espíritu que de alguna forma habría iniciado una serie de eventos calamitosos.

La burbuja llega flotando hasta el río Tames y se respira una rara calma en este atardecer de niebla en la capital, Londo. Parece no incomodarme la humedad en mis ropas, ni la suciedad del lodo al topar la orilla. Las lágrimas me recuerdan el verdadero pesar.

lunes, 23 de junio de 2008

Con el zorro del principito

No quiero ser domesticado. Me levanté -y muy molesto- con ganas de rutinas y de extrañar esto y aquello. Desayunos y oraciones matutinas. Jornadas y fechas de pago. Abrazos y salidas de cine. Besos y la caricia del amor. Me fui a dormir sin estos síntomas. ¿Cómo pude ser descuidado? ¿En qué instante agarré esta enfermedad?

Estoy seguro que fue la playa. Dicen que el oxígeno allá tiene algo. No es justo que pongan avisos de marea alta o baja, sin advertir al turista del peligro inminente de caer envuelto en la oleada de los recuerdos, más aún cuando ves gente agarrada de la mano, riendo y bailando.

O tal vez no fue la mar. Fueron mis amigos que me contagiaron, los muy ingratos. Hay que cuidarse de ellos, sobre todo cuando anden sin cubrebocas. Deberían al menos ser considerados de guardarse sus gérmenes para sí en vez de pasarte a bocanadas esperanzas, sueños, alegrías, no sé que más males que este mundo tenga.

No. No culpemos a mis dos pasiones: el mar y mis amigos. Ellos ahora pueden tener su conciencia en paz. Nací con un mal congénito de muletas y lenguaje de señas. Hoy me carcomió la impaciencia de echar la culpa al primer incauto porque sentí un dolor a la altura del pecho. Así es la cojera. Así es la sordera. Así es estar circunscrito en un mundo inmortal hasta que la muerte diga lo contrario, lleno de síncopes dolorosos de rutinas.

Volveré esta noche con la precaución de tomar alguna pastilla que a propósito venga a conveniencia para que los síntomas estén largo rato dormidos. Según el zorro del principito, tendré los ojos abiertos y abandonar la dicotomía entre el corazón observante y la realidad inútil.